'Ted Lasso' sabe muy bien cómo tocar la fibra y la temporada 4 ha vuelto a demostrarlo, pero no tengo claro que el regreso haya merecido la pena
La cuarta temporada de 'Ted Lasso' ha llegado a su final y, después de acompañar al AFC Richmond en su nueva aventura con el equipo femenino, no he podido hacer otra cosa que preguntarme si realmente hacía falta traerla de vuelta. La serie de Jason Sudeikis se convirtió en un fen
La cuarta temporada de 'Ted Lasso' ha llegado a su final y, después de acompañar al AFC Richmond en su nueva aventura con el equipo femenino, no he podido hacer otra cosa que preguntarme si realmente hacía falta traerla de vuelta. La serie de Jason Sudeikis se convirtió en un fenómeno gracias a su optimismo, su sentido del humor y su capacidad para hablar de la vulnerabilidad sin renunciar a la comedia.
Sin embargo, volver a una historia que parecía haber encontrado su cierre no era una tarea sencilla, y estos nuevos episodios me han dejado un regusto amargo. El desenlace recupera algunos de los elementos que mejor definieron la ficción, desde la importancia de la amistad hasta la necesidad de pedir ayuda cuando las cosas se tuercen, pero también acumula tantas despedidas, revelaciones y posibles nuevos comienzos que cuesta distinguir qué necesitaba realmente la serie y por qué tiene tantas ganas de mantenerse viva.
No termina de justificar el regreso
El episodio arranca con el funeral de Mae Green (Annette Badland) en el Crown & Anchor, que ha terminado siendo mucho más que un pub a lo largo de la serie. Allí se reúnen Ted (Jason Sudeikis), Beard (Brendan Hunt), Rebecca (Hannah Waddingham), Higgins (Jeremy Swift) y las Lady Greyhounds para despedirse de una figura fundamental en la vida del equipo. Y nos dejan una secuencia recupera esa sensación de comunidad que siempre ha sido una de las grandes virtudes de la ficción, con bromas absurdas, brindis y tradiciones compartidas que conviven con el dolor.
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La temporada 4 de 'Ted Lasso', a pesar de sus virtudes, no acaba de acertar con sus personajes femeninos
La muerte de Mae sirve como punto de encuentro para personajes que han cambiado mucho desde el principio, aunque también plantea una pregunta algo incómoda: ¿cuántas veces puede recurrir 'Ted Lasso' a la misma fórmula antes de que pierda parte de su efecto? El homenaje funciona, pero su eficacia depende en buena medida del cariño que ya le tenemos a estos personajes.
Uno de los arcos más interesantes del desenlace es el de Roy Kent (Brett Goldstein), que descubre que le han ofrecido el puesto de entrenador principal del Chelsea justo cuando empieza a asumir que va a convertirse en padre. La noticia, lejos de provocar una celebración inmediata, le genera un ataque de ansiedad y le lleva a recurrir a los Diamond Dogs para pedir consejo. Y esta escena recupera una de las dinámicas más reconocibles de la serie, permitiendo que Roy verbalice un miedo que encaja con su evolución: no sabe si estará a la altura de una responsabilidad que cambia por completo su vida.
El otro gran núcleo del capítulo es la conversación entre Ted y su hijo, Henry, sobre la muerte de su abuelo. Cuando el niño pregunta por lo ocurrido, Ted confirma inicialmente la versión que le había contado su abuela, pero la serie no tarda en recuperar una verdad que el espectador conoce desde la segunda temporada: su padre se suicidó. El momento obliga a Ted a enfrentarse a una conversación dolorosa y, sobre todo, a decidir cómo acompañar a su hijo sin esconderse detrás de una explicación más cómoda.
Es una de las escenas que mejor conectan con el espíritu de 'Ted Lasso', porque no presenta la vulnerabilidad como una debilidad ni pretende resolver el dolor con una frase inspiradora. Aquí sí hay algo que contar, una experiencia que compartir y un personaje que debe encontrar las palabras para hacerlo. Y esto, comparado con otros giros más aparatosos, nos recuerda que la serie funciona mejor cuando confía en sus personajes y no necesita subrayar constantemente sus emociones.
Mientras tanto, el futuro del AFC Richmond se decide en una rocambolesca junta de accionistas. Zelda Southport (Tracey Ullman) parece haber comprado todas las acciones para convertirse en la propietaria mayoritaria del club, pero Rebecca y Higgins llevan tiempo preparando una maniobra para impedirlo. Después de un cúmulo de revelaciones, Mae permite que Rebecca recupere el control del equipo en un desenlace que devuelve a la protagonista a una posición de poder y que enlaza con su propia evolución desde los primeros episodios. Sin embargo, la resolución resulta bastante enrevesada y da la impresión de que la serie necesita multiplicar las sorpresas para llegar a una conclusión que podría haber sido más sencilla.
Y entonces llega la despedida, aunque 'Ted Lasso' parece incapaz de marcharse sin dejar la puerta abierta a otra continuación. Roy se prepara para abandonar Richmond, Ted le pregunta a Rebecca por una posible vacante como entrenador y Alice acaba convertida en la nueva responsable del equipo femenino, con Ted y Beard como ayudantes. La cuenta atrás de 112 días hasta el siguiente partido deja claro que la vida del club seguirá.
El problema es que, entre tantos relevos y posibilidades, el episodio parece más interesado en preparar lo que podría venir después que en asumir de verdad que una historia también puede terminar. Y esto es lo que no me termina de convencer. 'Ted Lasso' conserva parte de su calidez y todavía sabe tocar la fibra, pero esta cuarta temporada no siempre encuentra una razón lo bastante convincente para justificarse a sí misma.
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'Ted Lasso' sabe muy bien cómo tocar la fibra y la temporada 4 ha vuelto a demostrarlo, pero no tengo claro que el regreso haya merecido la pena
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por
Belén Prieto
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