Hace 57 años, Robert Redford amplió su terreno de una hectárea en Utah con cerca de 2.000. Lo nombró en honor a una de sus películas más legendarias
En los años 50, mientras estudiaba en Colorado y viajaba de vuelta hacia Los Ángeles, Robert Redford decidió desviarse por una carretera secundaria y quedó sorprendido al descubrir el monte Timpanogos. Creció en él un deseo inmediato de echar raíces en la zona. Y así fue: en 1961
En los años 50, mientras estudiaba en Colorado y viajaba de vuelta hacia Los Ángeles, Robert Redford decidió desviarse por una carretera secundaria y quedó sorprendido al descubrir el monte Timpanogos. Creció en él un deseo inmediato de echar raíces en la zona. Y así fue: en 1961, junto a su esposa Lola, compró dos acres de terreno (unas 0,8 hectáreas) por solo 500 dólares en una zona que anteriormente albergaba un gallinero. Solo ocho años después ya era propietario de más de 2.000 hectáreas.
Viviendo en plena naturaleza, literalmente
Lo primero que hizo en el lugar fue construirse una casa rústica con la ayuda de un constructor local y un cantero cheroqui-mormón, algo que sus compañeros de profesión no entendieron. "¡Espera un momento! ¿Quieres trabajar en el cine y además vivir en plena naturaleza? ¿Cómo piensas compaginar esos dos estilos de vida?", le llegó a decir el también director Sydney Pollack, que creía poco menos que se había vuelto loco. Pero Redford ignoró tales inquietudes y no le importó vivir por años como si estuviera en el siglo XIX, sin agua corriente y teniendo que moverse más de una vez en trineo.
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Tiempo después, como decíamos al comienzo, amplió sus dominios. No lo hizo tanto por capricho, sino más por la amenaza de una posible operación inmobiliaria que podría haber cambiado para siempre el hermoso paisaje del que disfrutaba la estrella. Así que, junto a un grupo de inversores, adquirió unas 477 hectáreas para su finca familiar y otros 890 hectáreas correspondientes a la estación de esquí, sumando 1.367 hectáreas) por 1,6 millones de dólares. Y de ahí, más tarde, se pasó a más de 2.000 según relata People.
Para bautizar el lugar, escogió el nombre de Sundance, en honor a su personaje en 'Dos hombres y un destino'
Para bautizar lo que ya no podía definirse de otra forma que un refugio, eligió el nombre de Sundance, en homenaje al personaje de Sundance Kid al que dio vida en 'Dos hombres y un destino' ('Butch Cassidy and the Sundance Kid'). Con el paso de los años, aquella elección acabaría adquiriendo un significado mucho mayor del que probablemente imaginó: no solo dio identidad a su rincón favorito de Utah, sino que también terminó prestando su nombre al prestigioso Sundance Film Festival y al Sundance Institute, dos iniciativas fundamentales para el impulso del cine independiente en Estados Unidos como bien sabéis todos.
De hecho, en los prados del cañón, y preocupado por la falta de oportunidades para las voces independientes en la industria cinematográfica, Redford creó entre 1980 y 1981 un laboratorio creativo de verano que acabaría convirtiéndose en el germen del Sundance Institute. Allí se ofrecía a jóvenes talentos un entorno alejado de las presiones financieras y comerciales de Hollywood, donde podían desarrollar guiones, ensayar escenas y perfeccionar sus proyectos con el apoyo de profesionales experimentados.
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Y, por supuesto, convertirse en propietario de una vasta extensión de terreno avivó aún más su espíritu activista. Redford estableció normas rigurosas destinadas a preservar la belleza natural del valle y se implicó de forma activa en campañas de conservación. Una visión que culminó en 1989, cuando ejerció de anfitrión de un encuentro histórico en Sundance que reunió a científicos, políticos y expertos de Estados Unidos y la Unión Soviética para debatir sobre la emergente amenaza del calentamiento global.
Vía | Sundance, People, Robert Redford: The Biography
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Hace 57 años, Robert Redford amplió su terreno de una hectárea en Utah con cerca de 2.000. Lo nombró en honor a una de sus películas más legendarias
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Espinof
por
Marcos Yasif
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