La rebelión silenciosa de los bonos
Endeudarse vuelve a costar caro, y ni siquiera Estados Unidos o Francia escapan ya al escrutinio del mercado
Durante 15 años, la deuda pública occidental ha funcionado como la red de seguridad del sistema financiero. Los inversores la compraban cuando temían algo y los bancos centrales cuando querían estimular. Su precio apenas tenía que ver con la solvencia de quien emitía. Esa época ha terminado casi sin enterarnos. El bono del Tesoro estadounidense a diez años ha marcado sus rentabilidades más altas en casi un cuarto de siglo, y el contagio ha cruzado el Atlántico con una rapidez que ha sorprendido incluso a los más pesimistas. Lo relevante ya no es solo cuánto cuesta endeudarse, sino que los mercados han vuelto a preguntarse quién merece que le presten y a qué precio.