'Street Fighter' es un sueño nostálgico para los que nos fundimos miles de monedas de 5 duros. Ojalá hubiera ido más allá del simple mamarracheo millennial
No hay ningún otro videojuego que represente mejor el espíritu de los cinco duros: cada uno de los personajes de 'Street Fighter II' está grabado a fuego en la cabeza de cualquier chaval de los 90, desde los más populares, como Ryu, Ken o Guile hasta los que pocos elegían, como D
No hay ningún otro videojuego que represente mejor el espíritu de los cinco duros: cada uno de los personajes de 'Street Fighter II' está grabado a fuego en la cabeza de cualquier chaval de los 90, desde los más populares, como Ryu, Ken o Guile hasta los que pocos elegían, como Dhalsim, Balrog o Vega. Ahora, la nueva película de la saga ignora conscientemente cualquier juego que se haya hecho después de esta segunda entrega y se centra en el mamarracheo, las peleas épicas y las autoreferencias en una obra destinada a millennials con ansias de volver a su infancia. O sea, todos.
Me Ryu por no llorar
Vaya por delante que 'Street Fighter' es muy divertida, y tiene todos los guiños que soñaste ver, desde la voz sampleada del videojuego hasta los trajes sacados tal cual del mismo cual concurso de cosplay: no solo no le importa caer en el esperpento y la nostalgia, sino que las abraza con creces. De hecho, no quiere tanto ser una película coherente como un festival de alusiones constantes y peleas repletas de CGI que solo desata su lado más loco en la superficie, pero nunca acaba de dejarse llevar del todo en un guirigay argumental donde es más importante pasar lista de todos los personajes que darles una trama.
No hay uno solo de los 12 personajes originales de 'Street Fighter' que no tenga al menos una pelea o una aparición estelar, aunque a veces parezcan simple relleno (como las escenas de Honda o Blanka). Con el temor de no dejar contento a todo el mundo, la adaptación se ocupa de que veamos todos los ataques, los trajes y los luchadores, para que no haya nadie que pueda decir que echa de menos algún elemento del juego. Es, básicamente, lo contrario que 'Resident Evil': si aquella era una adaptación de la experiencia de juego, esta es un name-dropping constante y dedicado a los fans.
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La película se ve a sí misma como un regalo para los seguidores de la saga y una tontuna distraída, pero eso no quita que tenga hallazgos. Por ejemplo, la animación en 2D con la que se nos cuenta el pasado de sus personajes es alucinante (y el motor de una posible secuela en caso de que no vaya bien en taquilla), y los efectos visuales de sus técnicas más famosas resultan tan gozosos de ver como destructores, divertidos y sin miedo al ridículo. Ojalá, eso sí, estos destellos de genialidad hubieran estado acompañados por una trama coherente y un guion que fuera más allá del chiste rápido, la referencia fugaz y la acumulación de personajes.
Ken no te engañen
'Street Fighter' es una película demasiado consciente de estar creando una posible saga y deseosa de preparar una secuela. Tanto, que su final queda desangelado, con un cliffhanger innecesario y dejando la impresión, más que de final, de continuidad inmediata. Al no explicar demasiado bien las normas de su mundo, la amenaza nunca parece tan implacable y, por tanto, se queda con la misma profundidad que el propio videojuego: lucha tras lucha, sin que nadie entienda muy bien el motivo por el que estas ocurren porque, más allá de cuatro pinceladas, nadie da más detalles. No hay tiempo: hay tantos personajes, tantas subtramas innecesarias y tantas peleas que siempre parece tener prisa por llegar a ningún lado.
A nadie se le escapa que, para el cine mainstream, los videojuegos son los nuevos cómics: un lugar en el que buscar buena fortuna con mayor o menor fidelidad al material original. En este caso, la fidelidad es, desde luego, cosmética: su intención no es captar nuevos jugadores ni descubrir la franquicia a nadie, sino fascinar a los nos dejamos la paga pasándonos la máquina con nuestro personaje favorito (el mío Honda, por cierto, que aún ahora sigue siéndolo). En ese sentido consigue su objetivo, pero podría haber estado más chispeante y acertado.
'Street Fighter' es un baño de nostalgia noventera con un montón de errores de base (en la banda sonora, sin ir más lejos), pero que mejora notablemente otras intentonas recientes de adaptar videojuegos inadaptables como 'Super Mario Galaxy' o 'Mortal Kombat 2'. Es puro espíritu camp con un sentido del humor atinado pero inofensivo, peleas que parecen sacadas de un anime y unos recursos (como el uso de la animación) acertados pero que no van todo al límite que podrían.
Lo que queda es una cinta que quiere ser una digna versión y, tristemente, no lo es del todo: perfecta para emular la sensación echarse 25 pesetas en los recreativos del barrio antes de volver a la cruda realidad. Ni recreativos, ni pesetas, ni nada más que una pasada vuelta y vuelta por la nostalgia más simple.
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'Street Fighter' es un sueño nostálgico para los que nos fundimos miles de monedas de 5 duros. Ojalá hubiera ido más allá del simple mamarracheo millennial
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por
Randy Meeks
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