En Vigo, una empresa ha encontrado la mejor forma de favorecer y proteger cultivos forestales: usando murciélagos
Ni son Batman ni son vampiros, pero tampoco tienen buena prensa. Los murciélagos cargan con la fama de transmitir enfermedades y de ser ese tipo de vecino al que mejor no molestar. Sin embargo, en el monte gallego pueden ser más aliados que amenaza: devoran insectos, incluidos lo
Ni son Batman ni son vampiros, pero tampoco tienen buena prensa. Los murciélagos cargan con la fama de transmitir enfermedades y de ser ese tipo de vecino al que mejor no molestar. Sin embargo, en el monte gallego pueden ser más aliados que amenaza: devoran insectos, incluidos los que estropean cultivos y propagan enfermedades. Con esa idea de partida, una consultora de Vigo, Arcea Xestión de Recursos Naturais, ha puesto en marcha un plan para que vuelvan a sentirse en casa en las plantaciones de madera.
El proyecto. Durante 2026, Arcea ejecuta un proyecto piloto para sentar las bases de una estrategia de conservación de quirópteros en montes sometidos a explotación forestal. Lo financia una ayuda del programa de responsabilidad social corporativa de Ence, concretamente de su VI Convocatoria 2025. Según recogió La Voz de Galicia, la idea es levantar refugios, corredores de desplazamiento, bebederos y zonas de alimentación.
Bicho con pedigrí. Los murciélagos suponen aproximadamente una quinta parte de todos los mamíferos del planeta y son los únicos capaces de volar de forma activa. Un estudio publicado en Nature, con genomas de 103 especies y fósiles, sitúa su origen en Europa, con un 99,2% de probabilidad, a finales del Paleoceno. Es decir, llevan en el continente bastante más tiempo que cualquier plantación.
El problema. Los bosques son clave para estos animales: les sirven de pasillo para moverse, de despensa y de dormitorio, gracias a los huecos que se forman en los árboles. Pero buena parte del arbolado que nos rodea no es bosque natural, sino cultivo forestal. Y un cultivo se corta en ciclos de entre 20 y 40 años, mucho antes de que el monte alcance la madurez que necesitan los murciélagos forestales para sobrevivir. A eso se suman unas prácticas silvícolas que apenas dejan que se formen refugios y que uniforman el paisaje.
El resultado, según Arcea, es que solo se quedan las especies generalistas, las menos exigentes. Menos diversidad y también menos ejemplares, lo que significa menos control de los insectos que castigan todo tipo de cultivos, los forestales incluidos. Es decir, la plantación sale perdiendo.
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Quién vive ahí. El proyecto se dirige a las especies ligadas a formaciones forestales, tanto las que duermen en huecos de árboles como las que solo los usan para comer. Son al menos 11 en Galicia, y todas están estrictamente protegidas en Europa.
Algunas, de hecho, están más cerca de lo que parece. Francisco Arcos, doctor en Biología, explicaba que en Vigo ciudad hay al menos tres plenamente adaptadas a la vida urbana: el murciélago común, el hortelano y el orejudo gris. Duermen bajo tejas o en falsos techos y salen de noche a buscar insectos por calles, parques y zonas arboladas. En los montes del entorno pueden aparecer el pequeño y el grande de herradura, el ibérico o el de Alcathoe, siempre que haya hábitat y refugios.
Contarlos es un lío. Proteger a un animal es complicado si no sabes cuántos hay, y Arcos admite que "es muy difícil saber cuántos hay". Muchas especies no se agrupan en cuevas como la imagen clásica de la colonia colgada del techo, sino que se reparten en árboles y edificaciones, lo que complica cualquier recuento.
¿Cómo se hará? Pues con pies. El plan tiene dos patas y la primera es documental: reunir en un informe los requisitos ecológicos de cada especie a partir de literatura científica y definir acciones de conservación, tanto generales como específicas. De ahí saldrán unos criterios fáciles de aplicar para que los equipos técnicos elijan qué medidas encajan en cada monte.
La segunda es de campo y se ha puesto en marcha en los municipios de Ponte Caldelas y Cercedo-Cotobade. Allí se ha elaborado un catálogo de especies presentes, se mide su actividad mediante registros acústicos y se cartografían los elementos del hábitat más valiosos. También se analiza cómo ha cambiado la cobertura vegetal del monte en los últimos 25 años.
Convencer a quien manda. El proyecto incluye una campaña de sensibilización dirigida al público general y, sobre todo, a las comunidades de montes del área de Pontevedra, que son quienes deciden qué se hace con ellos. Habrá una charla informativa, un tríptico y un panel interpretativo.
De momento, la idea es medir hasta qué punto se puede meter en la gestión forestal alguna medida que ayude a los murciélagos sin romper la cuenta de resultados. Que la financie una de las grandes empresas del sector de la celulosa en Galicia ayuda a que la propuesta se tome en serio en el monte, aunque no garantiza que se aplique. Si la respuesta es que sí, los murciélagos habrán conseguido algo poco habitual: pasar de bicho temido a empleado nocturno de control de plagas (sin nómina y sin pedir vacaciones, claro).
Imagen de portada | Fabian Kessler
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Isra Fdez
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