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Instagram se ha llenado de influencers creados con IA con el mismo corte de pelo estrafalario y millones de seguidores

Cada pocos meses alguien certifica la muerte de los influencers, y este verano le tocó a los españoles. Toda una cadena de polémicas desató el debate sobre el final de los influencers y se apuntaba a RoRo, acusada por otra creadora de copiarla, como la que más seguidores había pe

Instagram se ha llenado de influencers creados con IA con el mismo corte de pelo estrafalario y millones de seguidores

Cada pocos meses alguien certifica la muerte de los influencers, y este verano le tocó a los españoles. Toda una cadena de polémicas desató el debate sobre el final de los influencers y se apuntaba a RoRo, acusada por otra creadora de copiarla, como la que más seguidores había perdido en TikTok en una semana. Mientras tanto, un extravagante francés generado por IA sumaba decenas de millones de visualizaciones y se ha convertido en uno de los negocios más imitados y, posiblemente, efímeros de las redes sociales actuales.

Movida influencer. Este francés que daba puñetazos al aire es Jean Phil. Su primer vídeo conocido en Instagram data del 17 de septiembre, y su aspecto es inconfundible: melena rubia a lo paje, bigote retorcido y traje de cuadros. Ocho días después, tenía más de 228.000 seguidores y una criptomoneda propia, JEANPHIL, con una capitalización estimada de 8,8 millones de dólares. Su réplica inglesa, Archibald Brown, iba por 110.000 seguidores y también tenía moneda.

Los dineros. Las cifras seguían elevándose para el 1 de octubre: más de 75 millones de visualizaciones solo en Instagram y un máximo por encima de los 12 millones de dólares para el token, aunque ese mismo día ya había caído a algo más de 3 millones. Se supo entonces que la cuenta se gestionaba desde Bélgica y que había cambiado seis veces de nombre de usuario. Este lunes, el perfil jean_philanthrope ha dejado de estar disponible y hay que buscarlo como jeanphilanthrope.co.

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La fórmula. Desde entonces, decenas de influencers han imitado los pasos de Jean Phil, copiando no solo su curiosa apariencia externa (con trajes anticuados y peinados locos por encima de todo), sino también sus intenciones monetarias. Este hilo en X lo resumía como una receta: generar en ChatGPT a un tipo con traje gris y flequillo de tazón (y dotarlo de un nombre extravagante, añadimos nosotros: en este caso Harold Puddington) y usar Seedance 2.5 para ponerlo a pinchar en una sala a rebosar. Profit: 9,9 millones de visualizaciones y 19.433 dólares de beneficio (las cifras son estimación del tuitero). Y un detalle que parece estar claro con todos estos imitadores: funcionan como un gag visual de pocos segundos, no como un intento de influencer real.

Cuál es el negocio. El creador de Harold Puddington, por ejemplo, vende en la bio del personaje un curso para fabricar tu propio influencer por IA, aunque comienzan a abundar tutoriales en YouTube para montar uno con Higgsfield AI. Si todos estos productos son promocionados o no es una sospecha que siempre está ahí: en ese tutorial en vídeo, por ejemplo, hay enlace a Higgsfield en la descripción del vídeo, y se advierte que ganar dinero no está garantizado.

De hecho, la propia Higgsfield da bombo desde hace unas semanas a su programa Earn, que paga por publicar contenido hecho con su estudio de personajes. La empresa aseguró que ya supera los 1.000 millones de dólares de ingresos anuales. ¿Quién gana dinero en esta cadena? Posiblemente, más que nadie, quien vende la herramienta, como ya ocurría con las startups que ofrecían ejércitos de influencers sintéticos en la anterior oleada del fenómeno, más realista y reconocible.

La otra salida es la cripto. La estrategia es algo más sigilosa si hablamos de criptomonedas, aunque la táctica ya ha sido analizada: un personaje nuevo empieza a publicar, hace ruido, promociona un token, atrae compradores y, cuando la operación termina, la cuenta desaparece. Y vuelta a empezar. En ese vídeo lo llaman pump and dump, y ya hay expertos que advierten de que todos estos movimientos se mueven en una línea muy difusa: un catedrático de Derecho de Sociedades de Munich recordaba que para hablar de manipulación los promotores tendrían que haber planeado la caída de la cripto desde el principio, y a 1 de octubre el creador del token aún no había vendido su cartera.

Autores difusos. El negocio alrededor del personaje ni siquiera tiene por qué ser de su autor. Hay seis tokens distintos con el ticker $JEANPHIL, y el principal cotizaba este 19 de octubre con una capitalización de 5,9 millones de dólares. Lo que tienen las memecoins es que el personaje viral es un recurso que cualquiera puede explotar. Y además, todo queda inmerso en una peculiar neblina de autoría difícil de rastrear. Por ejemplo, el español y cayetano Borja Mari, una cuenta de Instagram con menos de 300 seguidores y cuatro reels que logró 16.000 me gusta con un vídeo del 7 de octubre. Ni siquiera está del todo claro si es una IA ni cuál es el negocio... pero posiblemente lo sabremos muy pronto.

¿Riesgo para los influencers? La duda de si estos personajes pueden sustituir a un influencer de carne y hueso nos obliga a volver a plantear el abismo que media entre alcance numérico e influencia real. Ya en 2019 andábamos contando el caso de una instagrammer con 2,6 millones de seguidores que vendió apenas 36 camisetas. Lo que sostiene a un creador es la relación construida durante años con su público, a base de enseñar su vida cotidiana. La visibilidad no es lo mismo que la reputación y Jean Phil no ha tenido tiempo de acumular reputación. Por eso, cuando los usuarios descubrieron que Phil era IA, muchos se mostraron decepcionados.

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Otro rival. Visto desde ese enfoque, el rival dde estos personajes virtuales no son los influencers, sino el meme que esté de moda esa semana y al que hay que copiar sin piedad. Y contra eso la IA gana a base de volumen. Eso sí, tienen que ir con cuidado: desde el 2 de agosto, el artículo 50 del Reglamento europeo de IA obliga a quien genera personas con IA a hacer público que es artificial, aunque si el contenido forma parte de una obra "manifiestamente" satírica o de ficción basta con avisar de forma que no estorbe. Un boxeador con bigote de villano de opereta podría acogerse a esa excepción. Siempre hay excepciones.

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