A principios de los 2000, alguien echó un siluro al mayor pantano de Andalucía. Acto seguido, la pesca se desplomó un 76% y sigue sin recuperarse
cambiado: lo que se pesca va a una red que mantiene los peces vivos dentro del agua y, al acabar, se cuentan, se pesan y se devuelven al pantano. Entre 2008 y 2025, la Sociedad Deportiva de Pescadores de Rute ha organizado 175 concursos estandarizados en las aguas del mayor panta
cambiado: lo que se pesca va a una red que mantiene los peces vivos dentro del agua y, al acabar, se cuentan, se pesan y se devuelven al pantano.
Entre 2008 y 2025, la Sociedad Deportiva de Pescadores de Rute ha organizado 175 concursos estandarizados en las aguas del mayor pantano de Andalucía y esto, que podría parecer un hobby más, se ha convertido gracias a un catedrático emérito de la Universidad de Córdoba en una radiografía de cómo hemos perdido Iznájar.
Un curioso experimento (bastante) natural. Carlos Fernández-Delgado, el catedrático emérito en cuestión, se dio cuenta de que el hecho de que no hubieran cambiado las reglas en tanto tiempo nos daba una oportunidad histórica para comparar el estado del pantano. Y lo hizo.
Los datos hablan por sí solos: en 2008, los pescadores sacaban 4,6 kilos por hora. En 2025, en torno a 1,1 kilos. Es un 76% menos.
Lo interesante es que, entre 2008 y 2012, la pesca bajaba tres cuartos de kilo al año. Y luego se quedó como estaba, estable; sin crecer ni decrecer. La pregunta es, entonces, ¿qué pasó entre 2008 y 2012?
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Sabemos lo que fue. Fernández-Delgado se pone en modo detective. Analiza la calidad del agua, el nivel del pantano, la lluvia o la reducción de participantes. Pero nada de eso esconde la respuesta: ninguno de estos factores mostraba relación estadística alguna con la caída del pescado.
Luego pensó en lo más evidente: el gran depredador de los ríos españoles. Es verdad que ningún registro sitúa al siluro en Iznájar antes de julio de 2011; pero también es verdad que hay testimonios de pescadores que dicen que ya se dejaba ver en 2003. No está claro, pero (siempre según los cálculos de Fernández-Delgado) las fechas cuadran y eso quiere decir que cuando la Junta de Andalucía empezó a tomar cartas en el asunto iba muy muy tarde.
Evidentemente, no es una demostración. Pero observacionales como son, los datos parecen persuasivos.
La moraleja de esta historia es otra. Que, al final, el 91,9% de lo que se ha pescado en ese pantano son carpas y la carpa es también un pez exótico. En lugar de llegar a Iznájar a principios del siglo XXI, llegó entre el XVI y el XVII. Pero son tan exóticas como los siluros.
En cambio, el barbo (que es la especie autóctona) está en torno al 8%. Como solemos repetir, el mundo cambia muy rápido y la decisión de qué conservamos debe ser consciente. Otra cosa sería dar palos de ciego.
Imagen | Yuliya Matuzava
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La noticia
A principios de los 2000, alguien echó un siluro al mayor pantano de Andalucía. Acto seguido, la pesca se desplomó un 76% y sigue sin recuperarse
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Javier Jiménez
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