La flota española de aviones contraincendios tiene un enorme problema: está envejeciendo más rápido de lo que podemos reponerla
Diez mil horas. Eso es lo que acumularon este verano los medios aéreos del Estado contra los incendios de la temporada. Fueron 2.659 salidas y más de 50.000 descargas de agua. Parece mucho y, de hecho, lo es: un 27 % más de horas que en 2025 y un 30% más de salidas. Es más, fuero
Diez mil horas. Eso es lo que acumularon este verano los medios aéreos del Estado contra los incendios de la temporada. Fueron 2.659 salidas y más de 50.000 descargas de agua. Parece mucho y, de hecho, lo es: un 27 % más de horas que en 2025 y un 30% más de salidas. Es más, fueron el doble que la media de la última década.
Y eso que, de los diez anfibios previstos para la campaña, solo pudimos usar ocho. Es decir, hemos comprobado en carne propia algo de lo que el propio Ejército del Aire y del Espacio lleva años avisando: que el fuego cada vez nos pide más, pero nuestra flota empieza a no dar más de sí.
¿Cómo ha sido 2026? Malo. Hasta el 20 de septiembre, España registró 275.154 hectáreas forestales quemadas (2,5 veces la media del decenio 2016-2025) de las que unas 153.000 eran superficie arbolada (4,1 veces la media) y 45 grandes incendios forestales. Faltan hectáreas por sumar, pero muy mal tiene que darse lo que queda de año para que nos acerquemos al récord de terreno de 2025. En fallecidos, con 21 personas, sí que ha sido el peor año en mucho tiempo.
Si 2026 ha sido un año especialmente intensivo en tiempo es por "la concentración de grandes incendios, la elevada demanda de medios de extinción y la complejidad de las emergencias". En 2025 casi todo ardió de golpe y pasamos de unas 42.000 hectáreas a finales de julio a más de 400.000 el 22 de agosto, según el sistema europeo EFFIS. Eso limitó el uso de los recursos disponibles y puede que explique el hecho de que finalmente ardieran más hectáreas.
En 2026 la temporada de incendios empezó antes y fue por oleadas; por eso hemos podido aprovechar los recursos. Es buena noticia, claro; pero tiene consecuencias.
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¿Y qué ocurre con los aviones? Que se gastan. Cada hora de vuelo es una hora menos de vida útil. Cada salida significa más revisiones, más mantenimiento y multiplica las averías. Ahora mismo, la flota estatal de anfibios pesados tiene 14 aviones (CL-215T, algunos con más de tres décadas de servicio, y cuatro CL-415, el último recibido en 2016). Hasta 2023, eran 18.
¿Y por qué no compramos más? La respuesta es un poco contraintuitiva: porque no hay donde. Cuando el CL-415 dejó de fabricarse, Canadá se negó a poner su sustituto (el DHC.515) en producción hasta que no hubiera un mínimo de 20 pedidos. España firmó la compra conjunta de la UE en 2024 y eso significa que hasta 2028, como pronto, no empezarán a llegar las primeras unidades.
Si sumamos que hay que formar a las tripulaciones, no parece realista esperar que los nuevos aviones estén volando antes de 2029.
Vamos un poco tarde, ¿no? Sí, efectivamente, vamos un poco tarde. Y no es que nadie lo viera venir. Desde al menos 2018, el Mando de Apoyo Logístico del Ejército del Aire viene pidiendo al ministerio la renovación de la flota.
Por ello, en 2022, Transición Ecológica adjudicó un contrato para modernizar la aviónica (los sistemas electrónicos de vuelo y navegación) de los CL-215T. Sin embargo, este año se dio por extinguido porque, según parece, la empresa encargada de la actualización no tenía ni los manuales técnicos del fabricante.
¿Y entonces? Solo nos queda alquilar. Es algo que ya hacemos, pero la falta de presupuestos (y precios al alza) hace que esta vía sea más complicada.
Todo esto no es más que un recordatorio de que tenemos que repensar la forma de afrontar un tiempo en el que los incendios son amenazas varios órdenes de magnitud más temibles que antes.
Imagen | Chiara Guercio
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La flota española de aviones contraincendios tiene un enorme problema: está envejeciendo más rápido de lo que podemos reponerla
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por
Javier Jiménez
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