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Hemos llenado las ciudades de árboles para combatir el calor. Un nuevo estudio advierte que a veces pueden lograr exactamente lo contrario

Durante los últimos años hemos escuchado de manera reiterada que plantar árboles era una de las soluciones para combatir el cambio climático y el aumento de las temperaturas en los entornos urbanos. Algo que es bastante necesario, puesto que los datos apuntan a que en 93 ciudades

Hemos llenado las ciudades de árboles para combatir el calor. Un nuevo estudio advierte que a veces pueden lograr exactamente lo contrario

Durante los últimos años hemos escuchado de manera reiterada que plantar árboles era una de las soluciones para combatir el cambio climático y el aumento de las temperaturas en los entornos urbanos. Algo que es bastante necesario, puesto que los datos apuntan a que en 93 ciudades europeas, el 4,33% de las muertes durante el verano de 2015 se atribuyeron al efecto isla de calor. De esta manera, llevar la cobertura arbórea de nuestras ciudades al 30 % enfriaría la temperatura media unos 0,4 °C y evitaría más de 2.600 muertes prematuras.

No es tan fácil. Aunque parece que lo correcto es comenzar a plantar árboles como locos, la verdad es que la realidad es mucho más compleja que la simple suma de ramas y hojas. Aquí una serie de investigaciones recientes advierten que la eficacia real del arbolado depende drásticamente de la humedad, la forma de las calles y el clima. Y lo más llamativo es que en ciertas condiciones el árbol puede provocar una sensación de mayor calor. 

Un caso español. Para entender cómo interactúan los árboles con la ciudad en condiciones límite, un equipo de investigadores del ICTA-UAB y el CIEMAT ha llevado a cabo una exhaustiva simulación centrada en el Eixample de Barcelona. El estudio, publicado en Urban Climate, utilizó una versión modificada del modelo BEP-Tree para enfrentar dos escenarios diferentes, como son la calle Balmes con un arbolado muy escaso y la calle Aribau con muchos más árboles y encima más altos. 

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Los resultados. Los investigadores han podido confirmar que, cuando el suelo está húmedo, los árboles van a poder refrigerar el ambiente con una gran eficiencia. En números vieron que se lograba reducir la temperatura del aire una media de 1,2 ºC y rebajaron el índice de estrés térmico en 3,2ºC. Y si nos vamos a pie de calle, en los puntos más críticos la temperatura que percibe un peatón que anda por la calle cayó en picado hasta los 12,3ºC. 

Incluso cuando el suelo se seca y el árbol deja de transpirar agua para protegerse, la pura sombra que proyectan sus copas permite conservar entre el 71 % y el 97 % de este efecto refrescante. 

La mala noticia. La termodinámica guarda diferentes sorpresas y el modelo reveló que, en un escenario de suelo muy seco durante una ola de calor, la calle con arbolado denso quedó 0,3ºC más caliente en temperatura del aire que la calle casi sin árboles. Y esto se explica porque en las densas tramas urbanas, como las cuadrículas típicas de muchas ciudades, el exceso de masa arbórea puede actuar como una "tapa" que frena la ventilación y atrapa el calor que irradian los edificios y el asfalto. 

A esto hay que sumar el efecto sauna que se da en los días de ola de calor a última hora de la tarde, cuando los árboles pueden llegar a aumentar el estrés térmico del peatón. Y la razón es simple porque la humedad que las hojas liberan al aire, sumada a las altas temperaturas, hace que nuestra capacidad de sudar y enfriarnos disminuya.

Un baño de realidad. Estas conclusiones se alinean con lo que se ha visto en diferentes partes del mundo como por ejemplo en Zúrich. En este caso se vió que, aunque los árboles regados eliminan el estrés térmico en un día de verano normal, durante las olas de calor extremas ni siquiera un arbolado denso con abundante riego basta para mitigar el sofoco humano.

A nivel global, la situación tampoco es tan idílica como pintan las campañas de greenwashing. Una investigación publicada en Nature evaluó la cobertura mundial y concluyó que, si bien el arbolado actual mitiga cerca de la mitad del efecto isla de calor, los beneficios reales que experimenta la gente son de apenas 0,15 °C. Además, estos beneficios climáticos son profundamente desiguales, concentrándose de forma aplastante en los países ricos y en los barrios residenciales privilegiados.

Imágenes | Malcoln Oliveira

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La noticia Hemos llenado las ciudades de árboles para combatir el calor. Un nuevo estudio advierte que a veces pueden lograr exactamente lo contrario fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .